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Estrés, miedo y Coronavirus

04-06-2020

Estrés, miedo y Coronavirus
Las situaciones nuevas, las que no controlamos, que no son predecibles y que nos parecen amenazantes nos estresan y sentimos la emoción del miedo. Por lo tanto el Coronavirus es un virus nuevo para nosotros y del que no conocemos bien su naturaleza ni sus consecuencias, sólo vemos que ha paralizado el mundo, y ha cambiado nuestro día a día, e incluso la forma de relacionarnos con la familia, amigos, compañeros, vecinos y con la sociedad en general. Y sobre todo vemos amenazada nuestra autonomía.
Este hecho genera incertidumbre, miedo, desconcierto, enojo y ansiedad que no es más que el miedo proyectado en el futuro. Cuando el miedo sube de intensidad puede convertirse en pánico que es un escalón superior al miedo y puede provocar bloqueo, parálisis, no se piensa con claridad y podemos responder de una manera no proporcional al hecho, esto explicaría las compras por pánico de papel higiénico o arroz en esta pandemia. El pánico aparece cuando la parte más racional del cerebro es dominada por las emociones. En casos de pánico, hay personas que sobreestiman y otros que subestiman el propio riesgo personal, por eso hay quien se protege en exceso y quien tiene un comportamiento que bordea la imprudencia.
Ante esta amenaza invisible en forma de virus, el miedo se nos dispara y sufrimos por la enfermedad, la muerte, los problemas económicos y las relaciones sociales, con lo cual se incrementa la sensación de soledad y de pérdida de control de nuestra vida. Y el confinamiento hace que cambiemos las rutinas y nos acostumbremos a estar en casa, a la seguridad de "la cueva" frente al exterior hostil donde nos espera el enemigo, el virus, y este exterior amenazador es fuente de estrés emocional.
El desconfinamiento también a mucha gente le puede crear más ansiedad por las medidas higiénicas que se deben tomar, el posible contagio, el miedo a coger el transporte público, los problemas económicos y en general el futuro impredecible.
Todo ello nos puede provocar tristeza, apatía y desmotivación, rabia, frustración contra las autoridades o contra el que no utiliza mascarilla o no cumple las nuevas normas. Nos volvemos más intransigentes y podemos sufrir síntomas físicos como taquicardia, tensión muscular, migrañas, insomnio, náuseas, dificultad para respirar, problemas gastrointestinales i hipervigilancia que nos dificulta iniciar y mantener el sueño.  Nuestro organismo no está preparado para resistir mucho tiempo en condiciones de ansiedad y estrés agudo y cuando se convierte en estrés crónico se traduce en agotamiento y depresión.
Para poder seguir con nuestra vida tendremos que entender que estas emociones son normales y es positivo expresarlas y comunicarnos con personas que nos den tranquilidad y seguridad, así como practicar técnicas de respiración y relajación y centrarnos en el aquí y ahora y controlar lo que sea controlable por nuestra parte. Porque a pesar de la pandemia, la vida continúa y tendremos que aprender a vivir con la incertidumbre con escenarios cambiantes y a adaptarnos a las nuevas situaciones en cortos espacios de tiempo. Y la adaptación es la clave de la supervivencia para todas las especies, y la especie humana ha demostrado a lo largo de la historia que tiene una gran capacidad para hacer frente a situaciones adversas y cambiantes.
 
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