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Dr. Holon de marzo

19-03-2021

Dr. Holon de marzo
La segunda primavera que nos pilla confinados y mucho más cansados después de un año de pandemia, de renuncias, de incertidumbres, de noticias contradictorias, de anuncios apocalípticos y de hablar de luces al final del túnel, que parece muy largo. Y toda esta situación acaba causando estrés crónico a muchas personas.

El estrés crónico lo sufrimos cuando estamos viviendo situaciones que interpretamos pueden afectar a nuestra supervivencia. Y las consecuencias pueden ser alteraciones de tipo físico y mental. Desde dolor de cabeza, contracturas, problemas digestivos, de la piel, o caída del cabello entre otros, hasta insomnio, irritabilidad, pérdida de memoria y concentración, y ansiedad.

La situación no la podemos cambiar en el ámbito personal, pero si que podemos cambiar nuestra actitud ante el problema. Aceptar lo que hay y buscar lo que podemos hacer y no obsesionarnos con lo que no podemos hacer.

La naturaleza sigue su curso, con pandemia o sin, y la primavera llega con toda la explosión de luz, colores, sonidos, olores y texturas como cada año, para que esta pandemia, que sepamos, afecta principalmente a una de las especies del planeta, una especie muy invasiva, que es la especie humana. Pero la vegetación y la fauna con el cambio de temperatura y de horas de luz en la zonas templadas de la Tierra, se empiezan a despertar del reposo invernal, y crecen, florecen, se reproducen y la vida se manifiesta de manera espectacular, como cada primavera con pandemia o sin.

Nos podemos amargar diciendo que claro, si vivimos en la ciudad, no podemos salir todo lo que quisiéramos en el campo o en el bosque para disfrutar de la primavera. Quizás no podemos salir, como estábamos acostumbrados a hacer cientos de kilómetros para ir a comer fuera, pero debemos pensar que nuestros antepasados sin aviones ni coches, llegaban donde los llevaban las piernas o como mucho algún animal de carga, y muchos que vivían en el interior, no a más de cien kilómetros del mar, se morían sin haberlo visto nunca, y no por ello dejaban de tener una vida bien satisfactoria y seguramente sin estrés crónico.

La primavera no está lejos, la tenemos en casa, en la calle, en el parque ..., sólo tenemos que aprender a reconocerla. Tenemos más horas de luz, el sol calienta más, si tenemos plantas en casa, reverdecen y crecen, y quizás florecen. Los árboles de la calle si habían perdido la hoja, empiezan a brotar y quizás también algunos se llenan de flores. Los pájaros se aprestan a hacer el nido y sus cantos si escuchamos bien, los podemos oir por encima del rumor del tráfico. Y si vamos a algún parque o jardín que tengamos cerca de casa, allí podremos captar más todo este revuelo primaveral que nos anuncia que la vida sigue, a pesar de la pandemia. Podremos sentir los olores de las flores, ver sus colores vivos porque deben llamar la atención de los insectos, captar diferentes texturas de las cortezas de los árboles, o de las hojas de diferentes plantas.

Y mientras intentamos descubrir la primavera en nuestro entorno, nos fundimos en nuestro hábitat más natural, y eso nos tranquiliza, porque a pesar de haber artificializado el ambiente y vivir en zonas muy antropizadas, no dejamos de ser seres vivos hechos para vivir en un medio natural. Y cuando nos encontramos en el parque y reconectamos con nuestro hábitat propio y somos una especie más del planeta, viviendo el aquí y ahora, tal vez aunque sea por unos momentos, nos olvidamos de la situación que nos angustia, y nos sentimos bien y bajamos nuestro grado de estrés a niveles normales. Y volvemos a casa renovados, y nos vestimos con colores más vivos, nos ponemos aquella colonia que nos gusta y quizás cantamos un poco y todo, porque la primavera ha llegado.

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