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Dr. Holon de junio

27-06-2022

Dr. Holon de junio
¿Y debe ser algún tipo de naturaleza especial?, ha preguntado el paciente. No, puede ser un bosque, un jardín, un parque, un lugar donde haya vegetación y puede ser agua. Doctor Holon, no me lo pone fácil. Y le he dicho, ¿es más sencillo seguir estresado, con ansiedad y disminuyendo cada vez más su rendimiento?. ¿Es más fácil sentirse agotado sin energía física ni mental? No claro, pero ¿qué quiere que haga 20 minutos perdido en la naturaleza cuando tengo tanto trabajo pendiente? Precisamente de esto se trata, de no hacer nada. Sólo sienta, ¿qué siente?, ¿algún pájaro, la brisa que mueve las hojas de los árboles?, ¿nota humedad en la piel, le da el sol?, toque la corteza de algún árbol, alguna hoja, es áspera, rugosa, fina , pincha? ¿Todos los verdes son iguales? Si hay agua, escuche el ruido de su recorrido. ¿Es agua estancada, se puede ver reflejado en el agua? ¿Siente algún olor?… Si tengo que hacer todo esto quizás en 20 minutos no tendré suficiente, me ha contestado el paciente. Se trata de hacer lo que le apetezca durante este tiempo en contacto con la naturaleza.

La Dra. MaryCarol Hunter, profesora de la Universidad de Michigan, ha llevado a cabo una investigación en la que se mide el grado de cortisol (hormona del estrés) antes y después de la experiencia de estar de 20 a 30 minutos en contacto con la naturaleza sin utilizar ni móviles ni otros aparatos electrónicos, ni libros, ni papeles del trabajo. Se ha comprobado que el cortisol se reduce significativamente, más de un 20% y sigue reduciéndose seguidamente.

La conexión con la naturaleza puede ser activa o pasiva explica la Dra. Es pasiva cuando la mente divaga, es subconsciente, y podemos sentir el rumor de las hojas, las formas de los árboles recortándose en el cielo, pájaros que cantan, olor a vegetación…, en cambio, la conexión activa es cuando conscientemente, por ejemplo, nos fijamos en cómo los insectos polinizan las flores o cómo un pájaro hace un nido, en las formas diferentes de las hojas de los árboles, o cómo una lagartija toma el sol.

La exposición a la naturaleza además de reducir el estrés, presenta muchos beneficios, como dormir mejor, disminuir la inflamación, mejorar la función inmunitaria, provocar un mejor estado del bienestar mental y mantener la capacidad de concentración, entre otros.

La ventaja de estas píldoras de naturaleza, es que no presentan contraindicaciones, se pueden tomar a cualquier edad, a cualquier hora, con otros medicamentos y tantas como se quieran porque nunca nos perjudicarán.

Ahora viene tiempo de vacaciones y nos preparamos para pasarlas lo mejor posible y hacer lo que seguramente no hemos podido en estos últimos años de pandemia. Pero este hecho puede comportar estrés además del que quizás ya llevamos acumulado. Por eso, sobre todo, este verano, no nos olvidemos de las píldoras de naturaleza, y no tengamos ninguna objeción en tomar todas las que nos convengan.
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  • Ciudades biofílicas y estrés

    Cambio climático, emergencia climática, temporales catastróficos, calentamiento global, insostenibilidad y conceptos en esta línea de transformación a escala planetaria, forman parte del vocabulario común y expresan una realidad en la que se encuentra la sociedad actual. Según la Revisión de las perspectivas de la urbanización mundial de 2018, publicada por la ONU, dice que el 55% de la población mundial vive en áreas urbanas y el 2050 se calcula que la proporción aumente al 68%. Megaciudades, metrópolis, ciudades de millones de habitantes, presentan contaminación del aire, del agua, acústica, problemas de movilidad, y crean entornos muy estresantes.

  • Miedo, ansiedad y angustia

    Todos hemos tenido miedo alguna vez, y seguramente ante situaciones diferentes. La oscuridad cuando somos niños nos suele causar miedo y en algunas ocasiones también cuando somos adultos. El miedo es una emoción, un sentimiento producto de una respuesta instintiva que no podemos controlar. Y esta respuesta es vital, porque nos permite actuar ante ciertas situaciones que pueden amenazar nuestra existencia. El miedo produce energía para reaccionar ante amenazas y puede hacer que saquemos fuerzas inmensas y que el cuerpo rinda de una manera poco habitual. El miedo provoca un comportamiento similar en seres humanos y en los animales: evitar, mirar hacia otro lado, bajar la mirada, huir o agarrarse a alguien para protegernos. Estas reacciones son instintivas y ni las pensamos, no las podemos controlar.