Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecer nuestros servicios y recoger datos estadísticos. Continuar navegando implica su aceptación. Más información Aceptar
93 461 31 91 - 606 009 387
93 461 31 91 - 606 009 387

Dr. Holon de julio

18-07-2022

Dr. Holon  de julio
Esta cultura del cambio y la inmediatez es un fantástico caldo de cultivo para el estrés. Las prisas, la carencia de tiempo, los cambios, todos son factores estresantes en potencia. Y cuando ese estado es continuo, el estrés crónico está garantizado.

¿Pero qué podemos hacer, si el día sólo tiene 24 horas, y siempre nos faltan horas para terminar todo lo que deberíamos hacer? Dado que el día seguirá teniendo 24 horas, sólo podemos rebajar nuestras demandas (externas o propias). Es decir, de trabajo y objetivos personales, familiares, o sociales.

A partir de la revolución digital promovida por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que nos mantienen informados de todo lo que ocurre en el mundo y al momento, se ha instaurado la rapidez y la satisfacción inmediata como forma de vivir y esto provoca una hiperconectividad tecnológica y un deseo constante de gratificación momentánea. Lo queremos todo y lo queremos al momento. Nos volvemos adictos al corto plazo y a la recompensa del ahora.

Y esa inmediatez y falta de tiempo provoca la superficialidad y esto impacta sobre la paciencia y el rendimiento. Se quiere obtener respuestas fáciles y rápidas y por eso no prosperan los proyectos a medio o largo plazo. Hemos perdido la capacidad de espera, y la construcción de juicios críticos y a la larga acaba en episodios de ansiedad y estrés.

Nos hemos acostumbrado a que al momento podamos oír una canción que nos gusta, ver una serie o una película, hablar o enviar mensajes al instante a quien sea y donde sea, y si no lo conseguimos al momento, ya nos inquietamos. Buscamos algún objeto y seguro que lo encontramos por Internet y probablemente lo podremos comprar al instante y nos lo llevarán a casa, como la comida ya cocinada. Y con todas estas ventajas, ¿por qué no tenemos tiempo? Quizás la tecnología ha avanzado mucho, pero los seres humanos tenemos todavía la estructura paleolítica con respuestas como el estrés que nos ayudan a sobrevivir, pero no en la sociedad y cultura actual de la inmediatez.

Ahora que se avecinan vacaciones y que quizá cambiaremos el ritmo, aprovechemos para cultivar la paciencia porque si tenemos que coger aviones o ir a lugares donde hay mucha masa turística, nos hará falta. Recordemos, cómo dice el proverbio persa, que la paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.

Que las vacaciones o el tiempo estival, cuando todo se ralentiza, nos sirvan para reflexionar un poco sobre la inmediatez, la vorágine de vida que llevamos y el estrés que puede causarnos, así como las posibilidades de cambio que podamos tener.

¡Buen verano y salud y paciencia!


  • Estrés y decrecimiento

    Después de estos días de fiestas, donde el consumismo vive uno de los momentos álgidos del año y sigue con la época de rebajas incitándonos para que no bajemos el ritmo de gasto, acabaremos enero con fríos invernales y las cuentas y ahorros a bajo cero. Y eso no nos ayudará en nada a controlar nuestro grado de estrés.

  • ¡Bienvenida primavera!

    Si sufrimos estrés, nuestro sistema inmunitario se altera y se puede agravar o intensificar las reacciones alérgicas y seremos más propensos a contraer enfermedades. Podemos entrar en un círculo vicioso de a más estrés más alergia y a más alergia más estrés. Con el cambio de estación también nuestro cuerpo  experimenta cambios hormonales  y puede haber recaídas en la gente que sufre depresiones, trastorno bipolar, esquizofrenia y cuadros de ansiedad.
  • Ciudades biofílicas y estrés

    Cambio climático, emergencia climática, temporales catastróficos, calentamiento global, insostenibilidad y conceptos en esta línea de transformación a escala planetaria, forman parte del vocabulario común y expresan una realidad en la que se encuentra la sociedad actual. Según la Revisión de las perspectivas de la urbanización mundial de 2018, publicada por la ONU, dice que el 55% de la población mundial vive en áreas urbanas y el 2050 se calcula que la proporción aumente al 68%. Megaciudades, metrópolis, ciudades de millones de habitantes, presentan contaminación del aire, del agua, acústica, problemas de movilidad, y crean entornos muy estresantes.