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Dr. Holon de abril

03-05-2022

Dr. Holon de abril
Insomnio viene del latín insomnium y significa falta de sueño a la hora de dormir. Y esto aparte de ser muy molesto repercutirá en nuestra salud física y mental. Dormir mejora nuestra actividad cerebral. Por cada hora que pasamos despiertos almacenando recuerdos y acumulando residuos (algunos metabolitos) que afectan a la actividad neuronal, necesitamos unos 15 minutos de sueño para poder procesar los recuerdos y realizar limpieza. Los niños necesitan más tiempo y la gente mayor menos.

Todos los animales necesitan dormir, unos más que otros. Por ejemplo, las presas vulnerables (antílopes, cebras, ciervos…) duermen menos que los carnívoros, porque siempre están alerta. Los humanos dormimos una media de 7 horas, y un 10% de la población sufre insomnio aunque una tercera parte de la gente se considera insomne porque dice que no duerme bien. La OMS define el insomnio como un trastorno del sueño que consiste en la imposibilidad para iniciar o mantener el sueño o conseguir una duración y calidad del sueño adecuada para restaurar la energía y el estado de vigilia normal.

¿Y el estrés qué papel juega con el insomnio? Cuando tenemos estrés crónico, hormonas como el cortisol, aumentan su concentración y nos mantendrán despiertos por la noche, o nos despertaremos al cabo de unas horas. Y si no dormimos bien todavía producimos más cortisol agravando el insomnio. Ocurre como con la ansiedad que no nos deja dormir y dormir mal causa ansiedad, por tanto, entramos en un bucle del que cuesta salir.

Daniel J. Baysse, psiquiatra de Pittsburgh y director del centro del sueño, ha definido el índice de calidad del sueño que consiste en responder a las cinco preguntas siguientes:

1- ¿Estás satisfecho con tu sueño?
2- ¿Estás despierto todo el día sin dormirte?
3- ¿Duermes entre las 2 y las 4 de la madrugada?
4- ¿Pasas menos de 30 minutos despierto durante la noche?
5- ¿Duermes entre 6 y 8 horas?

Si las respuestas son normalmente o siempre, podemos descansar tranquilos porque significa que por lo general dormimos suficiente. Si no es así tendremos que aprender a gestionar la ansiedad y el estrés, el enemigo principal del sueño, hacer ejercicio durante el día, comer adecuadamente, regularizar la hora de acostarse, ir, si es necesario, a psicoterapia y evitar siempre que sea posible el uso continuado de los somníferos.


“Unas buenas risas y un largo sueño, son los mejores cuidados en el libro del doctor”
Proverbio irlandés

  • ¿Somos resilientes?

    El término resiliencia, que cada vez se utiliza más, se empezó a aplicar a las ciencias ecológicas hacia la década de los 70 del siglo pasado y hacían referencia a la resistencia de determinados sistemas ecológicos ante alteraciones del medio.

  • ¿Estrés y qué?

    Si no aguantan el estrés, que se vayan, me decía un directivo de sección con las uñas mordidas y la piel con placas de psoriasis, mientras se tomaba un antiácido en un estado de ansiedad permanente.
  • ¡Bienvenida primavera!

    Si sufrimos estrés, nuestro sistema inmunitario se altera y se puede agravar o intensificar las reacciones alérgicas y seremos más propensos a contraer enfermedades. Podemos entrar en un círculo vicioso de a más estrés más alergia y a más alergia más estrés. Con el cambio de estación también nuestro cuerpo  experimenta cambios hormonales  y puede haber recaídas en la gente que sufre depresiones, trastorno bipolar, esquizofrenia y cuadros de ansiedad.